Nace la Fundación Jerome Lejeune Argentina

Por iniciativa de la Fondation Jérôme Lejeune, el 5 de marzo de 2021 la Inspección de Personas Jurídicas de la Provincia de Córdoba autorizó a funcionar y aprobó los estatutos de la FUNDACIÓN JEROME LEJEUNE ARGENTINA, constituida el 19 de noviembre de 2020.

El Prof. Dr. Jerome Lejeune descubrió en 1959 la causa genética del Síndrome de Down (Trisomía 21), llegando así a ser padre fundador de la genética moderna. Vino a Córdoba en al año 1986, para dar conferencias sobre genética. La FONDATION JÉRÔME LEJEUNE, fundadora de la FUNDACIÓN JEROME LEJEUNE ARGENTINA, tiene su casa matriz en Francia, una filial en Estados Unidos y una delegación en España. Así, la entidad creada en Córdoba, Argentina se convierte en la tercera constituida fuera de Francia.

La FUNDACIÓN JEROME LEJEUNE ARGENTINA carece de fin de lucro y tiene por objeto continuar el trabajo al que el Pr. Dr. Lejeune ha dedicado su vida: la investigación médica y científica sobre enfermedades intelectuales de origen genético; la atención médica a personas con Trisomía 21 u otras discapacidades intelectuales de origen genético; la defensa, cuidado y protección de las personas con Trisomía 21 y otras discapacidades intelectuales de origen genético, cuya vida y dignidad demandan ser respetadas desde la concepción hasta la muerte natural.

La FUNDACIÓN tiene su sede legal en Córdoba y desde dicha ciudad está trabajando en la instalación de un consultorio médico dedicado a la atención especializada de personas con Trisomía 21, que abriría sus puertas y empezaría a atender en el año 2021. Con miras a este proyecto, un equipo de profesionales de la salud se está capacitando en la propia expertise Lejeune, que consiste en una atención médica integral y longitudinal (a lo largo de toda la vida), para diagnosticar, prevenir y mitigar los temas médicos asociados a la existencia del material genético de sobra en el par 21.

Para más información: http://www.fundacionlejeune.org/ar/

Sobre su vida:

Jérôme Lejeune nació en 1926 en Montrouge, en una familia que quedó arruinada por la Secunda Guerre Mundial (1939-1945). A la edad de 13 años, descubre a dos autores, Blaise Pascal y Honoré de Balzac, que lo marcan de por vida. Subyugado por el doctor Bénassis, héroe de la novela Médico de campaña, de Balzac, también él quiere convertirse en médico de campaña, dedicándose a los humildes y a los pobres. Después de la guerra, se sumerge con entusiasmo en los estudios de medicina.

El 15 de junio de 1951, defiende con éxito su tesis doctoral. Ese mismo día, su futuro queda decidido en una dirección del todo diferente a la de sus proyectos: uno de sus maestros, el Profesor Raymond Turpin, le propone colaborar en una obra magna sobre el «mongolismo», enfermedad que afectaba a 1 niño de cada 650. Jérôme acepta, por lo que, a partir de ese momento, su camino queda trazado.

El 1 de mayo de 1952, contrae matrimonio en Odense (Dinamarca) con Birthe Bringsted, convertida al catolicismo, con la que tendrá cinco hijos. La vida en familia es para él objeto de predilección, sobre todo durante las vacaciones. Durante sus estancias en el extranjero, escribe a su mujer todos los días.

El médico de la esperanza

En 1954, se convierte en miembro de la Sociedad Francesa de Genética y en investigador del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS). A partir de las explosiones de Hiroshima y de Nagasaki, el efecto de las radiaciones nucleares sobre la reproducción humana está al orden del día. El Pr Dr Turpin orienta a su equipo hacia ese campo, y, en 1957, Jérôme es nombrado para la ONU «experto sobre los efectos de las radiaciones atómicas en genética humana». Desde entonces, participa en congresos internacionales, donde destaca por su candorosa libertad de lenguaje.

Descubre el origen genético del Síndrome de Down

Aprovechando los nuevos procedimientos fotográficos, Jérôme descubre, en un tejido preveniente de un pequeño «mongólico», la presencia de un cromosoma suplementario, a nivel del par 21 (el ser humano cuenta con 23, en total 46 cromosomas, como se descubrió en el año 1956). Ese es el origen del «mongolismo», enfermedad que se llamará a partir de entonces «trisomía 21». En enero de 1959 se comunica ese descubrimiento a la Academia de Medicina de Francia.

En noviembre de 1962, Jérôme recibe el «premio Kennedy» de manos del Presidente Kennedy; en octubre de 1965, se crea para él en la Sorbona la primera cátedra de genética fundamental de Francia.

Todo conduce a la esperanza: su descubrimiento, así como la publicidad que de él se ha hecho en el mundo científico, le hace pensar que estimularán la investigación y permitirán poner a punto tratamientos adecuados para curar a los enfermos y dar esperanza a sus padres. Las familias de los enfermos, atraídas por la celebridad internacional de Jérôme y su accesibilidad, se dirigen cada vez en mayor número a él. Da tratamiento a varios miles de jóvenes pacientes que acuden a su consulta del mundo entero; a otros les hace un seguimiento por correo postal. Ayuda a los padres a comprender y a aceptar esa tribulación. Les asegura que su hijo, a pesar de su grave discapacidad intelectual, rebosará de amor y de ternura.

El racismo cromosómico

Jérôme percibe con agravio en la opinión pública modos de pensar que desvalorizan las personas con deficiencia intelectual. Comprueba con estupor los riesgos que su descubrimiento ha engendrado para los trisómicos. Para combatir esa forma de racismo, piensa decisivo llamar a la realidad experimental. No se pueden considerar como extranjeros a la especie humana a unos seres que, biológicamente, forman parte de esa especie.

Jerome Lejeune y el arma nuclear

En otoño, preocupado por la situación internacional, el Juan Pablo II decide enviar a cada jefe de Estado en posesión de armas nucleares una delegación de miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias, para que les trasmitan un informe sobre los peligros de la guerra atómicaEn el caso de la URSS, designa a Lejeune y a otros dos; el encuentro tiene lugar el 15 de diciembre de 1981. «Nosotros los científicos –dice con claridad Jérôme– sabemos que, por primera vez, la supervivencia de la humanidad depende de la aceptación por parte de todas las naciones de preceptos morales que trasciendan todo sistema y toda especulación».

El final de su vida

A finales de octubre del 1993, decide acudir a la consulta de su amigo el profesor Lucien Israel. Éste, con el rostro descompuesto, le muestra las radiografías de sus pulmones: desvelan un cáncer ya avanzado. Jérôme acepta la realidad con valentía. Las sesiones de quimioterapia comienzan a principios de diciembre, resultando muy penosas, como él esperaba.

El 30 de marzo de 1994, al encontrarse delirando preso de una fiebre de más de 40 grados, es trasladado a cuidados paliativos. El 1 de abril, a sus hijos, que le preguntan por lo que quiere legar a sus pequeños enfermos, les dice: «No tengo gran cosa, ya lo sabéis« Pero les he dado mi vida. Y mi vida era todo lo que tenía».  El día siguiente, transcurre sin altibajos: Jérôme se encuentra sereno. Muere el 3 de abril 1994.

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